jueves, 21 de enero de 2010


Delfín Yeste

No he querido perder la ocasión de rendirle desde este blog un pequeño homenaje a mi buen amigo Delfín Yeste, todo un poeta que hace años conocí en Tenerife. Aunque no es hijo del Archipiélago haríamos bien en considerarlo como tal porque es así como él suele complacerse. Delfín residió unos años entre nosotros, no puedo precisar cuántos aunque sí puedo puntualizar sobre las inquietudes artísticas y la proliferación de trabajos que dejó dedicados a las islas, sobre todo a Tenerife y La Gomera, sirva como ejemplo la autoría del texto de la tan celebrada canción en las otrora Fiestas de Invierno “Santa Cruz en Carnaval”. Tuvo ascendientes isleños, de ahí que en esta canción figuren los versos: Desde muy lejitos vengo Santa Cruz para cantarte, que en tu corazón isleño tengo yo un poco de parte.
Si bien, su cariño hacia nosotros sigue permaneciendo en su corazón, las islas, siempre generosas con quien como Delfín las ama, le agasajaron con distinciones de todo tipo, demostrable en el prólogo “Breve pórtico” que le dedicó Félix Casanova de Ayala con motivo de la publicación editada en Santa Cruz de La Palma “Como tibios pájaros en el columpio” allá por el año 1988, que a continuación reproducimos íntegramente.

BREVE PÓRTICO

Delfín Yeste es un poeta que residió en Tenerife durante unos pocos pero intensos años, llegando a compenetrarse de tal modo con la sensibilidad e idiosincrasia de este pueblo tan dado a la poesía, que compuso unas cuantas de las estrofas más bellas del folklore canario, coplas de folías, isas, y malagueñas que le valieron un premio en un importante certamen regional. He aquí una de ellas:

Para dar a la folía
el rumbo del sentimiento,
nacerá de espino y rosa,
morirá de rosa y viento.

Hoy el poeta, residente en Madrid desde hace algún tiempo, no olvida la isla ni la amistad y me envía un manojo lírico para que se lo prologue. Yo creo que Delfín, poeta ya de probado prestigio nacional, no precisa de prólogos ni presentaciones. Pero como es mi amigo, no puedo negarle este pequeño capricho, en el concepto de que será la mano hermana dándole la bienvenida la que le brindo en este pórtico.
Delfín fue un poeta preocupado, social y humanamente preocupado durante un tiempo que a todos nos preocupó. No fue el poeta “social” a la usanza, que le cogía ya a trasmano, dada su juventud; pero sí muy humano y en cierto modo existencial. Hoy se libera en parte o acaso, más bien, la gravedad haya variado de centro. No olvidemos que la primera y legítima preocupación del poeta es su obra. Subsisten ramalazos de aquel instante:

no sé los armarios
que faltan para leer a Cernuda
Y es que:
demasiado grandes nos quedan los jueves

Pero ya es otro tiempo el que se inaugura con este poemario. ¿Tal vez otra naturaleza, otra dimensión? La sensación real es libertad:

No rendimos al tamaño del tiempo
(...) así os reconozco
como tibios pájaros en el columpio...

Este motivo de alucinante equilibrio, casi de prestidigitador, que da título al libro -¿y qué otra cosa es la libertad?- viene a ser el péndulo de su nueva poética, tan próxima por el lado al improntu orientalista de Basho:

como la sabiduría de la pared
desnuda nombrando la tierra y apilando
el agua en ese gesto de amor silvestre
a lo glinka.

No abandona el poeta su vivencia canaria, su aromado recuerdo entrañable:

Y ya entrados en casa
el largo vaho del taginaste...

La delgadez de esta poesía -todo el conjunto lo es con doce breves haykus-, su casi transparencia, su huella irisada ante los ojos,

no tengo otros mimbres para fijar
el mediodía.

su pureza auroral destilan una a una las imágenes de esta delicada “plaquette” de Delfín Yeste:

¿será tarde? ¿tocará el agua
subida a los pámpanos? ¿o no
han llorado lo bastante el miedo,
la ternura, los huesos?... febrero 1988


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Delfín Yeste escribió un sinfín de poemas dedicados a las islas y de entre todos ellos me permito entresacar uno dedicado a la Gomera, que como corresponde a un gran vate es deleitante:

EL SILBO DE LA SANGRE
Al nombrarte Gomera ¡ay al nombrarte!
carabelas de sueños e intrepidades
entre conchas marinas y tajarastes,
la boca se hace rosa de agua y romance,
y el corazón jamás, jamás la tarde,
con el silbo de amores ha de quebrarte.
Garajonay arriba, que bien lo sabes,
cuantas veces contigo silbó mi sangre
y al impulso del silbo por roque y valle
me cortejan tus horas de cada instante.
¡Ay como silba la vida! ¡ay como late!
Entre riscos bajíos y matorrales.
Por el Bosque del Cedro luna de afanes,
que no existe nada, nada que iguale
para dar alegrías y decir pesares,
como el silbo que corre de parte a parte.
Y cuando mis ríos hacia los mares
del ocaso y la noche ve acercarse,
que tu silbo, Gomera, ¡ay me acompañe!
Y así yo muriera silbándote, siempre silbándote.



Por aquellos años realicé una exposición individual en el Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, y este hombre hidalgo manchego, bueno, sencillo y profundo en sus convicciones ilustró la muestra con un recital –del que nunca dejaré de estarle agradecido-. ¡Ah! acompañado por un joven pero virtuoso violinista, que por aquel entonces lo tenía como alumno en el C.O.U., del que siento decir que sólo recuerdo su apellido, Bermejo.
D
e aquel recital aún conservo este hermoso poema de palabras fibrosas y rotundas.

“S.O.S. DESDE EL TIEMPO MUERTO Y LA SOLEDAD VIVA”
Para salvar esa ternura y la semilla de esta propia pena llamada hombre,
este prodigio de angustia y lagar hasta el silencio y el abandono
desbordado más allá del tuétano y el convencimiento.
Para dar liviandad al vuelo y a la sombra... que nos atenaza -incluso ya-
el aire con cien cerraduras y pájaros de espanto,
con muros en las sienes, donde los álamos apagan sus últimos clamores
decisivos.
Para advertir la orilla inaprensible y necesaria, donde descubrir las huellas,
la imagen de futuros ríos con milagros de cantos y aromas dichosos.
Para llegar a las razones con que ganar a buena hora
los marzos y junios, sin gruesas gotas ni torpes resplandores
despavoridos hasta el cuello.
Nubes hay para parar los trenes en el mismo andén de salida,
para dejar prendidas las montañas en el aguacero y las aves remotas
estampar en el quebranto y los aleros atroces.
Porque esa lágrima que nadie acoge, que molesta la cuchara y el lecho,
está evidenciando el golpe certero y la pintada imborrable.
¿Se está solo? ¿Cada uno está solo con baratijas o sueños?
¿Por qué estar en burbujas y no limos? ¿Por qué desasirse del gesto luminoso
y la carga de mejores fortunas y claridades?
¡Hálitos y tiempos aciagos! Espacios convictos y todavía redentos
la mano... LA MANO en el todo y la nada,
en el hueso y la esperanza, en el conocimiento y la miseria,
en el torbellino y la llanura, en el regocijo y el sollozo,
en el susurro y las náuseas.
¿Por qué estar solos en la tierra que nos merece y ahorma
y en el recuerdo final que a todos nos llega?
Amar, AMAR hasta el racimo congregado y los hombros,
donde la estrella ponga coto, mástil al viento enajenado,
al aterrorizado destino, a la palabra enzarzada.
A LA INTEMPERIE con el árbol cubriéndonos de frutos y melodías...
frente a las flores de escayola y tedio indecisos.


He aquí algunos de los cuadros que en aquella muestra se exhibieron:




2 comentarios:

  1. Recuerdo que en una clase nombró el cuadro del hombre crucificado en el cristal. Es bueno verlo al fin.

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